
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó este jueves que la inflación de mayo fue del 1,5 %, marcando el registro mensual más bajo desde enero de 2022. El dato fue rápidamente presentado por el Gobierno como una señal de estabilización económica, aunque los efectos concretos en la vida cotidiana siguen siendo difíciles de percibir.
El número parece alentador en términos estadísticos, pero contrasta con la experiencia de millones de personas que aún enfrentan subas persistentes en alimentos, transporte y tarifas, en un contexto de recesión, caída del consumo y pérdida del poder adquisitivo.
Según el propio informe oficial, los rubros que más aumentaron fueron:
- Comunicación: 8,2 %
- Educación: 7,6 %
- Bebidas alcohólicas y tabaco: 5,5 %
- Transporte: 4,0 %
En tanto, el rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas, que impacta directamente en los sectores más vulnerables, tuvo un alza del 0,8 %, aunque aún acumula un incremento interanual del 290,7 %.
🧾 La inflación acumulada en los primeros cinco meses del año es del 71,9 %, y la variación interanual alcanza el 276,4 %.
¿Desaceleración o anestesia estadística?
Economistas críticos advierten que la baja en la tasa de inflación mensual está más relacionada con el enfriamiento extremo de la actividad económica que con un proceso genuino de ordenamiento de precios. La recesión, el freno al consumo y la licuación de ingresos funcionarían como ancla temporal, pero no resuelven las tensiones estructurales del modelo económico vigente.
Mientras tanto, los salarios siguen perdiendo frente a los precios. El “alivio” no se siente en las góndolas ni en los hogares populares.