A 50 años del crimen de Mugica, un documental revive su legado

A cincuenta años del crimen que marcó a la Iglesia argentina, un documental busca «volver a poner arriba de la mesa» la figura de Carlos Mugica: quién era, por qué lo asesinaron y qué significa su legado en la Argentina de 2026. El codirector de la película, Walter Peña, presenta el film este viernes en Villa Elisa, dentro del ciclo «Pensarnos» de Libros Villa Elisa.
El sacerdote Carlos Mugica fue asesinado de un tiro por la espalda el 11 de mayo de 1974, a la salida de una misa que acababa de oficiar en la parroquia San Francisco Solano, en el barrio de Villa Luro. Medio siglo después, un documental producido de manera artesanal y comunitaria —sin apoyo estatal ni financiamiento privado tradicional— se propone reponer esa historia para las nuevas generaciones. Se trata de Padre Mugica, a la hora de la luz, codirigido por Walter Peña, quien esta semana dialogó extensamente sobre el proceso de realización, distribución y recepción de la película, en el marco de su presentación en la Casa de la Cultura de Villa Elisa.
La entrevista, realizada por José Cáceres y Carlos Milito, en Encuentro en la rambla, permite reconstruir tanto la biografía política y religiosa de Mugica como el itinerario de un proyecto audiovisual nacido en un contexto de fuerte adversidad económica y de disputa simbólica sobre qué lugar ocupan en la Argentina actual figuras como la suya.
De la aristocracia porteña a la Villa 31: la «doble marca» de Mugica
Según explicó Peña, la fuerza de la figura de Mugica se sostiene en dos rasgos que la película busca subrayar. El primero es lo que definió como una «conversión de vida» radical: Mugica nació en una de las familias más acomodadas y aristocráticas de la Argentina y, aun teniendo —en palabras del propio Peña— «todo resuelto», decidió ejercer su sacerdocio entre los sectores más postergados. Su pastoral se desarrolló en la entonces Villa 31, el asentamiento porteño que hoy lleva su nombre, Barrio Padre Carlos Mugica, en homenaje a esa opción.
El segundo rasgo, sostuvo el codirector, es la entrega: Mugica no solo transformó su modo de vida, sino que sostuvo esa decisión hasta el final, sin resguardarse. Peña remarcó el carácter simbólico de las circunstancias del crimen —el sacerdote fue atacado inmediatamente después de celebrar una misa, en lo que describió como un momento de «plena conexión con Dios»— y lo situó dentro de la tradición de mártires de la Iglesia católica argentina y latinoamericana.
El documental, señaló Peña, intenta abordar esa trayectoria desde múltiples dimensiones —la política, la religiosa, la social, la familiar y la cultural— y construye su relato a partir de un amplio conjunto de testimonios. Entre los entrevistados aparecen figuras del ámbito artístico como Víctor Laplace, León Gieco y Marilina Ross; referentes eclesiásticos como el padre Alberto Carbone —guía espiritual de Mugica—, Domingo Bresci, miembro fundador del movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, y el padre José María «Pepe» Di Paola, uno de los curas villeros que continuó ese camino pastoral; además de historiadores, sociólogos, dirigentes sindicales, vecinos de la Villa 31, amigos personales como Miguel Ángel «Pato» Galmarini, y referentes de derechos humanos como Adolfo Pérez Esquivel.
Peña definió ese conjunto de voces como «un coro muy grande» que permite reconstruir no solo la biografía de Mugica sino la dimensión de su obra en distintos planos de la vida social y religiosa argentina.
Producción comunitaria en tiempos adversos y una recepción inesperada dentro de la Iglesia
Uno de los tramos más significativos de la entrevista abordó las condiciones materiales en las que se realizó el documental. Peña relató que, hacia fines de 2023, el proyecto ya venía gestionando espacios de proyección cuando el recambio de gobierno nacional modificó de forma abrupta el escenario: «todas las probabilidades que veníamos teniendo se nos disolvieron», señaló, en referencia a apoyos y posibilidades que existían antes del cambio de gestión. Frente a ese panorama, el equipo consiguió una hora de emisión en Canal 9 para proyectar la película con motivo del cincuentenario del asesinato de Mugica, aunque sin financiamiento del canal para la producción.
La respuesta, dijo Peña, fue organizar el sostenimiento del proyecto «en comunidad»: con organizaciones, instituciones y aportes diversos se completó tanto la producción como la posterior distribución. El estreno tuvo lugar el 11 de mayo de 2024 —fecha exacta del cincuentenario del crimen—, con la emisión televisiva mencionada; un mes después llegó al circuito de cine, y desde entonces la película recorrió el país mediante lo que Peña llamó «funciones comunitarias», además de presentaciones en Francia, Italia y España. Actualmente el documental está disponible también en la plataforma Amazon Prime Video.
Ese carácter colectivo del financiamiento y la distribución, subrayó el codirector, no es un dato menor sino coherente con el propio perfil de Mugica como «constructor de comunidad»: «la fortaleza que tiene la comunidad no la tiene ningún individualismo, ningún personalismo, por más fuerte que sea», sostuvo.
En cuanto a la recepción institucional, Peña destacó que el documental tuvo una acogida particularmente favorable dentro de la propia Iglesia católica, un dato relevante si se considera que la figura de Mugica —por su cercanía con el peronismo revolucionario y los movimientos de sacerdotes tercermundistas— fue durante décadas motivo de tensiones internas en la jerarquía eclesiástica. El film se proyectó en la Universidad Católica Argentina (UCA) y en la Universidad del Salvador (USAL), y llegó incluso al Vaticano, donde —según relató Peña— se solicitó una función especial en una cárcel de menores de Nápoles vinculada al papado de Francisco. El arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, acompaña habitualmente las proyecciones del documental.
Peña interpretó esa recepción en clave histórica: sostuvo que la Iglesia «tuvo entre sombras» a Mugica durante mucho tiempo y que buena parte de la reivindicación actual de su figura está asociada al papado de Jorge Bergoglio —Francisco—, cuya llegada a la máxima jerarquía eclesiástica visibilizó, a escala mundial, postulados cercanos a los que sostenía el sacerdote asesinado en 1974. En ese sentido trazó un paralelismo explícito entre ambas figuras: mientras Mugica decía querer «ser la voz de los que no tienen voz», Francisco sostenía que «el grito de los pobres es cada vez más fuerte, pero se oye menos».
El codirector extendió esa lectura al papado actual de León XIV, a quien describió en continuidad —no solo institucional, sino de contenido— con Francisco en materia de justicia social, y mencionó en particular la exhortación apostólica inicial del nuevo pontífice y su preocupación por que el desarrollo tecnológico esté «al servicio de la humanidad» y no al revés. Para Peña, ese eje, sintetizado en la fórmula «Dios en el horizonte y el ser humano en el centro de nuestras decisiones», atraviesa tanto el mensaje de Mugica como el de Francisco y el de León XIV, en momentos en que la próxima visita de este último a la Argentina reabre el debate público sobre justicia social en un escenario político, cultural y religioso que el propio Peña calificó de «rico» para pensar el mediano plazo.
Escuchá la entrevista a Walter a Walter Peña:
