Bardot, Gainsbourg y Birkin: el bolero prohibido que fue un éxito

En su columna de música en Encuentro en la Rambla, Sergio Antonucci repasó la historia de «Yo te amo, yo tampoco», el tema de Serge Gainsbourg que fue censurado a fines de los sesenta y, sin embargo, se convirtió en un éxito mundial.
Una melodía suave, que bien podría emparentarse con un bolero, y dos voces que se alternan entre registros graves y agudos. Hasta ahí, una canción romántica más. Pero «Je t’aime… moi non plus» incluía algo que ninguna otra canción se había animado a grabar: los susurros y gemidos de dos personas en un momento de intimidad. Eso bastó para convertirla en una de las piezas más disruptivas y polémicas de la historia de la música popular.
La historia comienza en 1967, cuando Serge Gainsbourg grabó una primera versión junto a Brigitte Bardot, con quien vivía un romance. Bardot, por entonces casada con el millonario alemán Gunter Sachs, temió las consecuencias para su carrera y su matrimonio, y pidió que la grabación no saliera a la luz. Gainsbourg se quedó con la canción y, poco después, volvió a grabarla con la actriz británica Jane Birkin. Esa es la versión que se conoció en todo el mundo.
Apenas se difundió, llegaron las reacciones: el Vaticano, durante el papado de Pablo VI, condenó el tema; en Francia se restringió su difusión y la BBC de Londres también la prohibió. Pero la censura tuvo un efecto boomerang. Todos querían saber qué tenía esa canción, y en las radios aparecían psicólogos, poetas, escritores y oyentes tratando de interpretar su letra.
Antonucci destacó además algunos datos curiosos. Jane Birkin reveló que los gemidos eran actuados, y el título surgió de una anécdota con Salvador Dalí, de quien Gainsbourg era admirador: ante alguien que le gritó «te amo», el pintor respondió «yo tampoco». La canción también fue ofrecida a Alain Delon y a Mick Jagger, pero ambos la rechazaron.
Los números hablan por sí solos: cientos de miles de copias vendidas en Francia e Italia en los primeros meses de 1969, el primer puesto en el Reino Unido, donde fue el primer tema en otro idioma en alcanzar ese lugar, y millones de discos en todo el mundo. En 1986, Bardot finalmente autorizó la publicación de su versión original y donó lo recaudado a entidades de protección animal. «Pecadores sonoros», como los definió el columnista.
El recorrido cerró con la versión de Madonna, que retomó la canción desde una mirada en defensa de la mujer y en contra de la censura, apropiándose de las dos voces del tema.
🎧 Escuchá la columna completa de Sergio Antonucci en Encuentro en la Rambla, por 1894RadioOnline.
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