Con 3 kilos y GPS propio, el satélite de la UNLP ya gira en órbita

El USAT 1, nanosatélite diseñado y construido por estudiantes, docentes e investigadores de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, despegó el 1 de octubre desde California en un cohete de SpaceX. El equipo espera las primeras señales. El informe de José Cáceres.
La Universidad Nacional de La Plata ya tiene un desarrollo propio en el espacio. El USAT 1, el nanosatélite diseñado y fabricado por estudiantes, docentes e ingenieros de la Facultad de Ingeniería, despegó a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, Estados Unidos. Ahora el equipo transita una etapa de espera: el satélite debe permanecer alrededor de una semana dentro de su dispensador antes de ser liberado, y recién entonces podrá emitir sus primeras señales.
«Vamos a tener que esperar una semana para saber si se prende o no», explicó la ingeniera aeroespacial Aldana Aguilera, integrante del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la UNLP, en diálogo con 1894RadioOnline. El proyecto demandó cinco años de trabajo.
Se trata de un CubeSat de formato 3U, que equivale a tres unidades estándar, con dimensiones de 10x10x34 centímetros y un peso de 3 kilos. Según Aguilera, funciona como un demostrador tecnológico: lleva una computadora de a bordo específica para la misión, sistemas de comunicaciones y un instrumento central, un receptor de señales de tipo GPS diseñado en la propia facultad.
Un GPS platense apto para el espacio
La ingeniera explicó por qué ese receptor es una pieza clave. Un GPS común, como el que usan los celulares, no funcionaría en órbita porque no está preparado para la velocidad a la que se desplaza un satélite. Por eso, el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), otro laboratorio de la facultad, desarrolló un receptor adaptado a esas condiciones.
La misión principal apunta a demostrar la observación terrestre mediante señales GNSS, con mediciones atmosféricas de presión, temperatura y humedad, y parámetros del suelo como humedad, altimetría, rugosidad y vegetación.
Detrás del satélite hay un equipo que, según Aguilera, al comienzo estaba integrado mitad por estudiantes y mitad por profesores. Los alumnos se suman desde tercer o cuarto año de Ingeniería Aeroespacial, Telecomunicaciones y Electrónica, en grupos multidisciplinarios. «Para nosotros significa poder acercarnos a proyectos reales desde que somos estudiantes», señaló, y agregó que la experiencia permite poner en valor la tecnología que se desarrolla en los laboratorios de la facultad.
El viaje: un «agente de viajes» en España
Construir el satélite fue solo una parte del desafío. La órbita elegida definió el lugar de lanzamiento: según Aguilera, no se puede acceder a cualquier órbita desde cualquier punto del planeta, y para la que necesitaba el USAT 1 convenía despegar desde Estados Unidos. El acceso al cohete se logró a través de una empresa española que el equipo describe como su «agente de viajes»: UARX, que compra paquetes de lanzamiento a SpaceX y además fabricó el dispensador. El USAT 1 viajó alojado en el vehículo de transferencia orbital OSSIE, de esa compañía, como parte de la misión Transporter-18 de SpaceX.
En cuanto a los costos, el satélite requirió una inversión de 70.000 dólares para materiales y becas, financiada con recursos propios del CTA, mientras que un desarrollo similar ronda los 200.000 dólares en el mercado internacional. El lanzamiento costó 100.000 dólares: la UNLP aportó el 75% y el resto provino de un subsidio del ex Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Una vez liberado, el nanosatélite desplegará sus antenas a los 45 minutos del desacople y comenzará la búsqueda de las primeras comunicaciones. El contacto se intentará desde La Plata: integrantes del SENyT trabajarán desde la Estación Terrena instalada en la torre de la facultad, con asistencia del Instituto Argentino de Radioastronomía. Lo primero que llegará, explicó Aguilera, es la telemetría, es decir, los datos de salud del satélite: nivel de batería, instrumentos encendidos y temperatura. Si todo está en orden, se le ordenará iniciar la medición de señales GNSS.
El proyecto contó con la colaboración de la CONAE, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el IAR. La experiencia acumulada ya tiene continuidad: las capacidades del USAT 1 se aplicaron en ATENEA, el microsatélite seleccionado como carga secundaria de la misión Artemis II de la NASA, y para el USAT 2 el equipo evalúa entre 10 y 12 propuestas de misión de distintos grupos de investigación. Mientras tanto, el decano Marcos Actis resumió el momento: «Hasta que no lo veamos vivo y emitiendo, seguimos cumpliendo hitos».
