El Estatuto del Periodista, una garant?a democr?tica en tiempos de ajuste

Opini?n | Radio1894

En tiempos donde la palabra modernizaci?n se utiliza como coartada para justificar la eliminaci?n de derechos, la discusi?n sobre el Estatuto del Periodista Profesional (Ley 12.908) vuelve a colocarse en el centro del debate p?blico. No se trata de una disputa gremial ni de un privilegio sectorial. Lo que est? en juego es algo m?s profundo: la libertad de expresi?n real, la calidad democr?tica y el derecho de la sociedad a recibir informaci?n sin condicionamientos econ?micos ni disciplinamientos pol?ticos.

El Estatuto no fue concebido como un beneficio corporativo, sino como una garant?a institucional. Su raz?n de ser es clara: proteger una funci?n social estrat?gica para cualquier democracia, la producci?n profesional de informaci?n de inter?s p?blico. Sin estabilidad laboral, sin condiciones dignas de trabajo, sin resguardo frente al despido arbitrario, la libertad de prensa se vac?a de contenido y se convierte en una consigna formal.

Periodismo o mercanc?a

El Estatuto establece una distinci?n clave que hoy muchos intentan borrar deliberadamente: el periodismo profesional remunerado no es propaganda ni militancia no paga. Esa diferenciaci?n no censura ideas, sino que protege la funci?n informativa frente a la precarizaci?n y la confusi?n interesada entre noticia y contenido ideol?gico.

Cuando el periodismo se reduce a ?generaci?n de contenidos?, la informaci?n deja de ser un bien p?blico y pasa a responder a l?gicas de mercado. El periodista deja de ser un constructor de realidad social para transformarse en un trabajador descartable, f?cilmente reemplazable y, por lo tanto, f?cilmente condicionable.

La censura econ?mica existe

No toda censura es expl?cita. Hay una forma m?s eficaz y silenciosa: la censura econ?mica. Un periodista que puede ser despedido sin causa, sin costo y sin protecci?n legal es un periodista expuesto a la autocensura. No por cobard?a, sino por supervivencia.

El r?gimen indemnizatorio agravado previsto en el Estatuto no es un exceso. Es una barrera disuasoria frente a la persecuci?n ideol?gica y a las represalias editoriales. La Corte Suprema de Justicia de la Naci?n lo ha ratificado con claridad: la protecci?n diferencial no vulnera la igualdad ante la ley, sino que la garantiza en funci?n de la especial responsabilidad social del periodismo.

Eliminar ese resguardo no moderniza el sistema de medios: lo debilita, y fortalece el poder econ?mico sobre la palabra p?blica.

Identidad profesional y derecho a la informaci?n

La matr?cula y el carnet profesional no son mecanismos restrictivos. Son herramientas de jerarquizaci?n, respaldo legal y protecci?n del acceso a la informaci?n. En un escenario atravesado por la desinformaci?n, las operaciones y la saturaci?n de discursos, la acreditaci?n profesional protege tanto al periodista como a la sociedad.

La reciente digitalizaci?n de credenciales demostr? que la tecnolog?a no exige desregulaci?n. Por el contrario, puede fortalecer derechos existentes sin alterar el marco legal. El problema no es t?cnico: es pol?tico.

Derechos irrenunciables

El Estatuto es una ley de orden p?blico. Sus derechos son irrenunciables. Frente a los intentos de disfrazar relaciones laborales bajo figuras como ?colaboradores?, ?freelancers permanentes? o ?prestadores de servicios?, el derecho laboral es contundente: prima la realidad por sobre la forma. Cuando hay continuidad, subordinaci?n y retribuci?n, hay relaci?n laboral, aunque se la intente ocultar.

Desmantelar este marco legal implicar?a un retroceso en t?rminos de derechos humanos y un golpe directo a la pluralidad de voces. No hay periodismo libre sin periodistas protegidos.

Una defensa democr?tica

La Ley 12.908 no es una reliquia del pasado. Es una herramienta vigente, necesaria y profundamente democr?tica. Defenderla no responde a una nostalgia corporativa, sino a una convicci?n pol?tica y social: sin periodismo profesional protegido no hay informaci?n libre; sin informaci?n libre no hay ciudadan?a plena.

Defender el Estatuto del Periodista Profesional es, en definitiva, defender el derecho colectivo de la sociedad argentina a una verdad no sometida al miedo, al mercado ni al poder de turno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *