Inflación de julio: 2,1% y una señal de alerta para Milei

La inflación de julio fue del 2,1%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), y volvió a superar el 2% mensual después de que en junio el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registrara una suba del 1,9%.

El dato interrumpió una secuencia de tres meses consecutivos de desaceleración. Después del 3,4% de marzo, el índice había bajado al 2,6% en abril, al 2,1% en mayo y finalmente al 1,9% en junio. Con el resultado de julio, la inflación acumuló un 19,3% en los primeros siete meses del año y alcanzó el 33,8% en la comparación interanual.

El resultado se ubicó dentro del rango que habían anticipado las principales consultoras privadas. Incluso quedó por debajo del 2,9% registrado por la Ciudad de Buenos Aires una semana antes.

Entre los rubros que más aumentaron a nivel nacional se destacaron Recreación y Cultura, con un 5%, y Restaurantes y Hoteles, con un 2,8%. También subieron Salud, 2,5%; Comunicación, 2,4%; y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, 2,2%. Alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una variación del 2%.

Los componentes estacionales tuvieron una incidencia importante. Los precios estacionales aumentaron 4,5%, mientras que los regulados subieron 2,1%. La inflación núcleo, que excluye ambos componentes, fue del 1,8%. Ese dato es uno de los argumentos que utiliza el Gobierno para relativizar la aceleración del índice general.

CABA había encendido la primera señal

El dato porteño había generado expectativas antes de la publicación del índice nacional. En julio, el IPC de la Ciudad de Buenos Aires aumentó 2,9%, 1,1 puntos porcentuales más que en junio, cuando había registrado 1,8%.

En los primeros siete meses del año, la inflación porteña acumuló 19,4%, prácticamente el mismo nivel que el 19,3% registrado por el INDEC. En la comparación interanual, CABA alcanzó el 33,2%.

La composición del índice porteño ayuda a explicar la diferencia con el nacional. Los servicios aumentaron 3,8%, mientras que los bienes subieron 1,4%. Los precios estacionales tuvieron un incremento del 10,9%, impulsados principalmente por el receso invernal, y los regulados aumentaron 3%. Restaurantes y hoteles fue uno de los rubros de mayor incremento, con una suba del 5,3%.

Por eso, la diferencia entre ambos índices no permite afirmar que la inflación nacional haya estado cerca del 3%. Pero sí muestra que determinados precios, especialmente los vinculados con servicios, turismo y actividades recreativas, continúan ejerciendo presión.

La principal bandera del Gobierno, bajo observación

La inflación ocupa un lugar central en la estrategia política y económica de Javier Milei. La fuerte reducción del ritmo de aumento de los precios fue presentada desde el comienzo de su gestión como una de las principales pruebas del éxito de su programa económico.

El Gobierno asumió en diciembre de 2023 con una inflación anual superior al 200%. Desde entonces, consiguió una marcada desaceleración y llevó el índice mensual a niveles muy inferiores a los registrados durante los primeros meses de su administración.

Ese resultado se transformó también en un activo político. Para el oficialismo, la baja de la inflación constituye una de las principales evidencias de que el equilibrio fiscal y la política monetaria están dando resultados.

Pero precisamente por eso el dato de julio adquiere una dimensión que excede las dos décimas de diferencia con junio.

El problema para el Gobierno ya no es solamente demostrar que pudo bajar la inflación. El desafío es seguir bajándola.

El desafío de perforar el 2%

El 2,1% de julio no representa, por sí mismo, un cambio de escenario. La inflación continúa muy por debajo de los niveles que caracterizaron el comienzo de la gestión de Milei y la inflación núcleo se mantuvo por debajo del índice general.

Pero el dato vuelve a poner sobre la mesa una dificultad que empieza a ser central: la economía parece encontrar resistencia para perforar de manera sostenida el 2% mensual.

La pregunta, entonces, cambia. Ya no se trata solamente de cuánto bajó la inflación desde 2023, sino de si el Gobierno puede llevarla a un nivel sustancialmente menor al actual.

En ese sentido, el dato de CABA funciona como un elemento adicional para observar esa tensión. El 2,9% porteño mostró una aceleración mucho mayor, aunque estuvo fuertemente influido por componentes estacionales y por los servicios. El 2,1% nacional, en cambio, mostró una aceleración más moderada, pero igualmente puso fin a la tendencia descendente de los últimos tres meses.

Una discusión que también se juega en las redes

La publicación del dato volvió a instalar en redes sociales una discusión que atraviesa al Gobierno desde el comienzo de su gestión.

Las posiciones se dividen entre quienes consideran que un 2,1% mensual debe ser leído en perspectiva y comparado con la inflación que existía al asumir Milei, y quienes sostienen que el indicador revela las dificultades para cumplir las expectativas de una inflación cada vez más cercana a cero.

En los intercambios también aparece una discusión sobre el significado del 2% mensual. Algunos usuarios destacan que los precios ya no aumentan a los ritmos de 2023 y 2024; otros advierten que una inflación cercana al 2% mensual todavía representa un aumento considerable del costo de vida cuando se sostiene durante todo un año.

El contraste entre ambas lecturas resume buena parte de la discusión económica actual: la inflación bajó de manera extraordinaria respecto de los niveles que recibió Milei, pero todavía no llegó al nivel que el propio Gobierno necesita para considerar consolidado el proceso de desinflación.

El dato que puede marcar el segundo semestre

Con una inflación acumulada del 19,3% hasta julio, queda cada vez más lejos la meta de 10,1% contemplada originalmente en el Presupuesto 2026. A la vez, el 33,8% interanual muestra una economía que todavía convive con un ritmo de aumento de precios elevado, aunque muy inferior al de los años anteriores.

Por eso, el dato de julio puede ser leído más como una señal de advertencia que como un cambio de tendencia.

La inflación no volvió a dispararse. Tampoco se desmoronó el proceso de desinflación. Lo que aparece es algo más sutil y, para el Gobierno, posiblemente más importante: una dificultad creciente para continuar bajando desde el nivel del 2% mensual.

La cuestión será si el 2,1% de julio constituye apenas un tropiezo provocado parcialmente por factores estacionales o si marca el comienzo de un período en el que la inflación encuentra un nuevo piso.

Para Milei, la respuesta será especialmente relevante. La desinflación fue una de las principales banderas de su gobierno. Si logra seguir bajando los precios, podrá sostener uno de sus argumentos económicos más fuertes. Si el 2% se transforma en un piso difícil de perforar, esa misma bandera comenzará a convertirse en un desafío político.

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