Redacción | 1894Radio
La radio como pista para leer lo que ocurre en Irán
Para comprender lo que ocurre hoy en Irán no alcanza con hablar en abstracto de censura, protestas o apagones de internet. Es necesario situar los acontecimientos en una historia concreta de disputas por el poder político, los recursos estratégicos y el control de la comunicación. Esa historia tiene un punto de inflexión preciso: 1953.
Ese año, el primer ministro iraní Mohammad Mossadegh, democráticamente electo, fue derrocado mediante la Operación Ajax, un golpe de Estado organizado por la Central Intelligence Agency (CIA) de Estados Unidos y el MI6 británico. El objetivo fue frenar la nacionalización de la Anglo-Iranian Oil Company (actual BP) y restablecer el control occidental sobre el petróleo iraní. El golpe reinstaló en el poder al sha Mohammad Reza Pahlavi, consolidando un régimen autoritario sostenido política, militar y económicamente por Washington. Ese antecedente marcó de manera estructural la relación entre Irán y Estados Unidos, y sigue operando como clave explicativa del presente.
La Revolución Islámica de 1979, encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, no fue únicamente un proceso religioso. Constituyó una ruptura política y geopolítica con el orden imperial vigente en Medio Oriente. La caída del sha implicó el colapso de uno de los principales aliados estratégicos de Estados Unidos en la región y dio lugar a un sistema político que, con múltiples tensiones internas, se definió explícitamente como antiimperialista.
Desde entonces, Irán fue objeto de un régimen persistente de sanciones económicas, bloqueos financieros y aislamiento internacional, impulsados principalmente por Estados Unidos y reforzados por la Unión Europea. Las sanciones se intensificaron tras la salida unilateral de Washington del acuerdo nuclear (JCPOA) en 2018, durante la presidencia de Donald Trump, y continúan bajo distintas modalidades. Sus efectos son concretos: inflación estructural, devaluación del rial, caída del poder adquisitivo, desempleo juvenil elevado y un deterioro sostenido de las condiciones de vida.
Protestas masivas y represión estatal
En ese contexto, entre diciembre de 2025 y enero de 2026, estallaron nuevas protestas sociales de alcance nacional. Según reportes coincidentes de Infobae, Público y Onda Cero, las manifestaciones se extendieron a más de cien ciudades, incluidas Teherán, Mashhad, Isfahán y Shiraz. Los reclamos iniciales estuvieron vinculados al aumento del costo de vida, la crisis económica y la devaluación del rial, pero rápidamente incorporaron consignas políticas contra el gobierno y el liderazgo religioso.
Las cifras sobre víctimas y detenidos son objeto de disputa y opacidad informativa. No obstante, organizaciones de derechos humanos y fuentes periodísticas internacionales estiman que, en las primeras semanas de protestas, se registraron más de 3.400 personas muertas y decenas de miles de detenidos, incluyendo activistas, estudiantes y periodistas. El gobierno iraní no ha publicado cifras oficiales completas ni ha permitido auditorías independientes.
El apagón de internet como estrategia de control
La respuesta del Estado combinó represión en las calles y una herramienta ya conocida: el apagón informativo. Desde el 8 de enero de 2026, las autoridades iraníes impusieron una restricción casi total del acceso a internet global, bloqueando plataformas como WhatsApp, Instagram, X (ex Twitter) y servicios de mensajería cifrada. El acceso quedó limitado a una intranet nacional, conocida como National Information Network (NIN), que solo permite el uso de servicios y medios aprobados por el Estado.
Según datos de monitoreo citados por Infobae y Público, la conectividad internacional cayó a niveles mínimos históricos durante más de una semana consecutiva, afectando tanto a usuarios domésticos como a empresas, medios y organizaciones civiles. Especialistas en derechos digitales advierten que este tipo de apagones no solo desarticula la organización social, sino que impide la documentación independiente de homicidios, detenciones arbitrarias y uso excesivo de la fuerza, generando un escenario de opacidad estructural.
Cuando se apaga la red, la radio vuelve
En ese contexto, la radio vuelve a ocupar un lugar central. El sistema mediático iraní está fuertemente concentrado en la Islamic Republic of Iran Broadcasting (IRIB), organismo estatal que controla la totalidad de la radio y la televisión. La IRIB responde directamente al Líder Supremo, Ali Jamenei, y cumple una función clave en la construcción del relato oficial, especialmente durante crisis políticas.
Sin embargo, la radio es una tecnología contradictoria. Aunque funciona como aparato ideológico del Estado, es difícil de clausurar por completo. No depende de plataformas digitales, no requiere identificación de usuarios y puede operar mediante onda corta, una tecnología analógica de largo alcance. Por ese motivo, cada apagón reactiva transmisiones internacionales en lengua persa.
Entre ellas se destaca Radio Farda, una emisora vinculada a Radio Free Europe/Radio Liberty (RFE/RL) y financiada por el Congreso de Estados Unidos a través de la U.S. Agency for Global Media (USAGM). Estas transmisiones recuperan centralidad en contextos de censura digital porque pueden ser captadas con receptores simples y eluden los controles de internet. Al mismo tiempo, forman parte de una estrategia explícita de influencia política y guerra simbólica.
Estos medios no son neutrales. Reconocer su rol como instrumentos de presión comunicacional no implica justificar la represión estatal iraní ni negar las violaciones a los derechos humanos, sino cuestionar el relato que presenta a Estados Unidos como árbitro moral del conflicto, omitiendo su responsabilidad histórica —desde 1953 en adelante— en la configuración del escenario iraní.
Comunicación y disputa geopolítica
La radio se convierte así en una infraestructura de disputa geopolítica. Mientras Estados Unidos utiliza la comunicación como herramienta de presión internacional, China y Rusia sostienen una lógica de soberanía informativa y no intervención discursiva. Otros países, como Brasil, observan el conflicto desde una tradición diplomática no alineada, evitando pronunciamientos cerrados.
Desde América Latina, este escenario no resulta ajeno. Nuestra historia está marcada por golpes de Estado, censura, persecución política y radios clausuradas o intervenidas. Pensar hoy el rol de la radio en Irán es leer el presente con memoria histórica, entendiendo que la comunicación es siempre un territorio de conflicto.
Cuando el poder corta la red, la radio no garantiza emancipación. Pero recuerda algo fundamental: la comunicación nunca se apaga del todo.
