Villa Elisa marchó y volvió a decir: memoria, verdad y justicia

A 50 años del golpe, unas 400 personas participaron del acto en el Paseo de la Memoria

El sábado 21 de marzo, Villa Elisa volvió a encontrarse en la calle. Cerca de 400 personas participaron del acto por los 50 años del golpe de Estado, en una jornada que combinó marcha, memoria activa, arte y comunidad en el Paseo de la Memoria.

La escena comenzó a construirse desde temprano. En la intersección de Centenario y Arana, escuelas, instituciones, organizaciones, vecinos y vecinas se fueron reuniendo con sus banderas. No fue solo una concentración: fue una marcha. Una caminata compartida que, acompañada por expresiones artísticas, avanzó hacia el Paseo de la Memoria como un gesto colectivo de recuerdo, identidad y compromiso.

Cada paso tuvo un sentido. Cada presencia, un peso propio.

Ya en el espacio del acto, la bienvenida puso en palabras lo que el cuerpo colectivo ya venía expresando: a 50 años del golpe, la memoria se sostiene en el encuentro, en la calle y en la construcción comunitaria.

Uno de los primeros momentos estuvo a cargo de la Red Pido Gancho, que desde hace diez años forma parte de esta jornada, aportando desde el arte una mirada sensible y comprometida.

📚 Un libro que mira desde adentro

Uno de los momentos más significativos fue la presentación del libro Miradas, del fotógrafo y vecino Carlos D’Biassi, integrante del colectivo Vecinos de Villa Elisa por la Memoria, la Verdad y la Justicia, organizador del acto.

La obra reúne imágenes registradas entre 2017 y 2024 en las distintas ediciones de esta convocatoria. No se trata de un registro externo, sino de una mirada construida desde la participación, desde la experiencia compartida y el compromiso sostenido en el tiempo.

En ese recorrido, el libro se configura como una construcción de memoria desde lo sensible. Las fotografías no buscan destacar por su valor técnico aislado, sino por su capacidad de interpelar: escenas, gestos, rostros y símbolos que condensan una memoria viva, en movimiento.

El pasaje del blanco y negro al color aparece como una decisión significativa, que acompaña una forma de pensar el presente del 24 de marzo no solo como evocación, sino como práctica activa y colectiva.

Miradas también incorpora gestos que amplían su sentido: la inclusión de miradas compartidas y la reconstrucción de historias de vecinos y vecinas de Villa Elisa víctimas del terrorismo de Estado, reforzando el vínculo entre territorio, identidad y derechos humanos.

La presentación, acompañada por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, contó con la presencia de su presidenta Florencia Saintout, y tuvo un momento especialmente significativo con la entrega de ejemplares a familiares de desaparecidos, así como a escuelas, bibliotecas e instituciones de la comunidad. Un gesto que proyecta el libro hacia nuevos espacios y generaciones.

Más que un libro de fotografías, Miradas se inscribe como una herramienta de memoria activa, que busca sostener preguntas, habilitar lecturas y seguir construyendo sentido en el presente.


📄 La palabra colectiva

Uno de los momentos centrales del acto fue la lectura del documento, donde se trazó un recorrido que enlazó la memoria del terrorismo de Estado con el presente político y social, reafirmando la necesidad de sostener la memoria, la verdad y la justicia frente a nuevos desafíos.

A continuación, el documento completo leído en la jornada:


Bienvenidas y bienvenidos

A 50 años del último golpe militar y genocida en la Argentina, estamos aquí en Villa Elisa para seguir levantando la bandera de la memoria, la verdad y la justicia, que nunca bajaremos.

50 años de esa noche del 24 de marzo de 1976 en la que muchos empresarios, medios de comunicación, parte de la Iglesia y también de la población civil alentaron que la jauría de asesinos sedientos de sangre que se agazapaban en las Fuerzas Armadas y de seguridad salieran a cazar a hombres, mujeres y niños.

Y la cacería fue enorme: 30 mil desaparecidos, más de 800 centros clandestinos de detención en todo el país, cientos de bebés apropiados, miles de presos políticos y exiliados.

Necesitaron regar las calles de los barrios y ciudades de la Argentina con miedo y silencio para implantar su salvaje régimen económico liberal que fundió empresas, empobreció a las familias y endeudó al país.

Y cuando ya no cabía más dolor y tristeza en medio de tanta tragedia, cuando el corazón de la Argentina sangraba sin remedio ni consuelo, asomaron por primera vez los pañuelos blancos en las cabezas de algunas mujeres que salieron de sus casas a buscar a sus hijos.

Solas, mano con mano, haciendo frente a lo desconocido, gritaron, preguntaron, caminaron, marcharon, sin disimular su dolor y desesperación.

¿Dónde están nuestros hijos? ¿Qué hicieron con nuestras hijas? ¿Dónde están mis nietos? ¿A dónde se llevaron a mi hermano, a mi compañero, a mi amor?

Nunca se cansaron de buscar.
Nunca dejaron de reclamar.
Nunca dejaron de marchar.
Nunca abandonaron por cansancio.
Hasta la muerte, hasta el último día de sus vidas.

Ese es el más valioso legado que tiene este país, herido nuevamente en su orgullo, derrotado en lo económico y político, pero no vencido en sus sueños.

Nos convocamos aquí en Villa Elisa, y el 24 en Plaza de Mayo y en las plazas de todo el país, a mirarnos y encontrarnos porque el país que conocimos ya no existe.

Estamos ante la avanzada más poderosa en tiempos de democracia de los dueños de todo.

Uno a uno los derechos vulnerados, las conquistas sociales y laborales aplastadas, los bienes naturales comunes saqueados. Porque este no es solo el gobierno de los negacionistas: es, fundamentalmente, el gobierno de quienes reivindican el genocidio.

Se cumplen además 20 años de la desaparición de Jorge Julio López, 10 años de la cárcel vergonzosa a Milagro Sala y un año de la condena, proscripción y prisión domiciliaria de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Fechas y aniversarios que dan cuenta del retroceso de esta democracia formal en lo político y herida de muerte en lo social y económico.

Pero también 10 años de este grupo de vecinos y vecinas que en Villa Elisa decidió buscar los nombres y las historias de los desaparecidos, que hoy suman 29. Otros grupos y organizaciones florecen también en este territorio y en otros.

Claro que también hay esperanza. Porque cada vez que nos encontramos, cada vez que nombramos a los 30 mil, cada vez que una nueva generación levanta los pañuelos blancos y pregunta qué pasó en este país y en Villa Elisa, la memoria vuelve a respirar.

La esperanza vive en quienes no se resignan, en quienes siguen buscando verdad y justicia. Hace pocos días, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó a 12 víctimas del terrorismo de Estado en el predio del campo de concentración de Córdoba, conocido como La Perla. Cincuenta años de una búsqueda de justicia que nunca se detendrá, porque a donde vayan, los iremos a buscar.

Sabemos que la historia no termina en una derrota, sino en la capacidad de un pueblo de volverse a poner de pie.

Contra viento y marea.

Estos son momentos para no estar solos. Por eso estamos acá.

Con los oídos atentos a lo que se dice bajito.
Con los ojos mirando lo que no está en las pantallas.
Con las voces sumándose a otras voces.
Con los corazones amparados por los pañuelos blancos que son faro, escudo y lugar de encuentro.

Por siempre Madres. Por siempre Abuelas. Por siempre Hijos.


Vecinos de Villa Elisa por Memoria, Verdad y Justicia


🕯️ Homenajes que amplían la memoria

La jornada avanzó hacia uno de sus momentos más conmovedores con la incorporación al mural del Paseo de la Memoria de dos nuevas desaparecidas de Villa Elisa: Marta Nélida Ferreyra y Lidia Delia Fernández Plaul. Sus imágenes fueron descubiertas en un clima de profundo respeto y emoción.

La intervención estuvo acompañada por el trabajo de las ceramistas Celina Torres Molina y Aluminé Fernández Rodríguez, quienes sumaron nuevas piezas al espacio, integrando símbolos de resistencia y memoria que permanecen en el territorio.

También se descubrió un cartel histórico vinculado a trabajadores de OFA, donado por José Ramón Arteaga, ampliando las marcas materiales de la memoria en ese lugar.

🧵 El arte como trama colectiva

Las intervenciones artísticas continuaron con la propuesta de las Bordadoras. En ese marco, Liliana Daunes compartió el sentido de la acción: bordar los nombres de las y los desaparecidos como una forma de sostener la memoria desde lo colectivo, desde el hacer, desde el tiempo compartido.

Cada puntada, como se expresó, es también una forma de presencia.

El documental proyectado durante la jornada forma parte de una construcción sostenida en el tiempo: se presenta cada año como una pieza central del acto y recupera, en formato audiovisual, una breve historia de la militancia de las y los desaparecidos de Villa Elisa. Su narrativa se apoya en un texto que es leído por vecinos y vecinas que asumieron el compromiso de investigar, reconstruir y mantener vivas esas trayectorias. De este modo, la proyección no solo aporta memoria, sino que también da cuenta de un trabajo colectivo que continúa en el presente, enlazando investigación, territorio y transmisión generacional.

🕯️ Música, luces y cierre

En el tramo final, la música volvió a reunir a los presentes. La interpretación de Todo está guardado en la memoria acompañó el encendido de velas frente al mural, en una escena cargada de simbolismo.

El cierre, con la presentación de La Caterva, terminó de consolidar un clima de encuentro, emoción y reafirmación colectiva.

Memoria que camina

El acto no fue solo una conmemoración. Fue una práctica viva. Una construcción comunitaria que, a 50 años del golpe, sigue creciendo desde el territorio.

En Villa Elisa, la memoria no se detiene: camina.

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