Walter Vargas presentó Del Pincha yo soy en el estadio UNO

Memoria, fútbol y pasión pincha en una tarde de recuerdos y literatura albirroja

Por Carlos Milito

Hay presentaciones de libros y hay encuentros que terminan siendo algo más que eso. La de Del Pincha yo soy, del elegante analista, de prosa fina en cualquiera de los lenguajes, maestro de periodistas, escritor y psicólogo social (no exageramos), Walter Vargas, fue una de esas tardecitas en las que la emoción, la memoria y la identidad pincha se mezclaron para celebrarlo y, al mismo tiempo, celebrar al Estudiantes nuestro.

El auditorio del estadio UNO recibió a casi un centenar de personas que se acercaron para escucharlo hablar de su historia con Estudiantes de La Plata. Para quienes lo conocemos desde hace años —y en mi caso también desde el trabajo compartido— fue además una alegría especial reencontrarnos en ese espacio donde la palabra, la de Walter, genuina, transparente y honesta, jerarquiza las comunidades que habita y donde el rojo y blanco que nos atraviesa no le es indiferente.

Invitados de lujo y memoria albirroja

La presentación estuvo acompañada por dos invitados de lujo: Gabriel “Bambi” Flores, integrante del recordado plantel campeón del mundo de 1968, uno de los Héroes de Old Trafford, y el periodista y relator de boxeo Osvaldo Príncipi. Entre anécdotas, recuerdos y reflexiones, el diálogo fue recorriendo historias del club, del fútbol y de la vida, siempre desde la mirada sensible de Walter y la complicidad del arquero y del amigo.

El clima fue cercano, casi de sobremesa futbolera. Entre los presentes se encontraban el histórico formador del club Miguel Ignomiriello, reconocido como Personalidad Destacada del Deporte de la Provincia de Buenos Aires y recordado como el maestro de la legendaria “Tercera que Mata”, la camada juvenil que sería base del Estudiantes campeón del planeta fútbol. También asistió el profesor Guillermo Cinquetti, histórico preparador físico del fútbol argentino que integró durante casi dos décadas el cuerpo técnico de Miguel Ángel Russo en distintos clubes del país y del exterior.

Entre los asistentes también se pudo ver al ex presidente albirrojo Enrique Lombardi, al hijo del recordado arquero Oscar Pezzano, Diego, además de familiares, amigos, hinchas y lectores que se acercaron para compartir la presentación.

Un libro atravesado por la biografía

Walter adelantó que el libro tiene mucho de autobiografía sentimental. En sus páginas aparecen la infancia en Villa Argüello, el barrio, la familia y ese momento fundacional en el que su padre decide que el recién nacido será, inevitablemente, de Estudiantes.

Durante la charla también explicó por qué decidió escribir el libro en primera persona:

“Hace años que blanqueé mi condición de hincha de Estudiantes. Y lo hice porque llevaba cuarenta años de hincha y tenía una carta ética que podía blandir en cualquier mesa: nunca tuve una palabra de desprecio hacia Gimnasia”.

La reflexión despertó un aplauso espontáneo del auditorio. En esa misma línea, compartió su mirada sobre la rivalidad platense:

“Para oponerse a alguien primero hay que reconocerlo. Para tener un adversario tengo que reconocerlo como par. Gimnasia es un fenómeno popular extraordinario y merece respeto”.

El humor y las confesiones del hincha

La charla también tuvo momentos de humor y confesión personal. En uno de ellos, Walter Vargas describió el peso que tiene Estudiantes en su vida:

“Estudiantes es una de las cosas que más me importan en la vida”.

Y enseguida relató una anécdota doméstica que provocó risas en la sala:

“Hace un año le pregunté a la madre de mi hija cómo me ponía cuando perdía Estudiantes. Me dijo: ‘eras una persona insoportable’. Le pregunté a mi segunda mujer… ‘eras absolutamente detestable’. Y ahora mi pareja de hoy, Virginia, cuando ve los partidos conmigo dice: ‘no te soporto más’”.

El autor también recordó cómo, incluso viajando por Europa en los años noventa, su preocupación era saber cómo había salido el Pincha:

“Llamaba desde cualquier lugar para preguntar: ‘¿Cómo salió el Pincha?’ Y muchas veces me decían: tres a cero abajo… dos a cero abajo… uno a cero abajo. Era desesperante”.

Un libro para contar al Pincha

Del Pincha yo soy fue publicado por la editorial Libro Fútbol, un sello dedicado a historias donde la pelota también es memoria, identidad y literatura.

Al final quedaron las firmas de libros, los abrazos y las conversaciones que siempre se prolongan cuando se reúnen los hinchas. Pero también quedó algo más difícil de explicar: haber asistido a una ceremonia íntima donde el fútbol de nuestro club, la memoria y la escritura de Walter se encontraron y nos hicieron bien. Muchos nos fuimos reconfortados por el trato cercano y por esa comunión albirroja que aparece cuando el Pincha vuelve a ser motivo de ilusión.

Y cuando la tarde empezaba a apagarse en UNO y la noche asomaba sobre el lago y el estadio del Campéon, quedaba flotando una certeza simple: para muchos hinchas Estudiantes nunca es solamente un club. Es también un recuerdo de infancia, una herencia familiar infinita y una historia que hoy volvió a contar Walter.

A modo de anticipo: la contratapa de Del Pincha yo soy

Durante la presentación del libro Del Pincha yo soy, el periodista y escritor Walter Vargas adelantó que la obra tiene mucho de autobiografía sentimental. Compartimos aquí el texto de la contratapa, donde aparece una escena que condensa el origen familiar, barrial y futbolero del autor.

—Varón —dijo la partera.
—Va a llamarse Walter, José! —exclamó mi mamá.
—Y será de Estudiantes, Edith —repuso José, mi viejo, con una sonrisa de feliz extrañeza.

Eran pasadas las 2:10 del 31 de agosto de 1958 en la sala de maternidad de la Policlínica San Martín de La Plata.

La familia vivía en el Villa Argüello profundo: el de los trabajadores de los frigoríficos Swift y Armour, el del Astillero Río Santiago, el de los jornaleros y el de los albañiles, como José Vargas.

La gente del otro Villa Argüello —el de los que presumían de platenses, vivían cerca de la calle 122 y la avenida 60, y tenían el Centro de Salud y la parroquia del padre Laureano— solía hablar, en franco plan de desprecio, del “Barrio Chino”.

En realidad, 122 y 60 era una suerte de triple frontera: hacia el frente, Berisso; hacia atrás, La Plata; y hacia la izquierda, Ensenada.

Nací donde nací por una mera cuestión de urgencia práctica. Desde la noche del sábado 30 yo pugnaba por salir del vientre de mi madre a conocer el mundo, y el Hospital Zonal General de Agudos Mario V. Larrain, de Berisso, quedaba demasiado lejos.

Los micros pasaban de tanto en tanto y ni hablar de taxis ni de remís. No había oferta ni dinero. Así que, bajo la lluvia, en días de tormenta de Santa Rosa, de salto en salto, gambeteando las lajas más embarradas, partió y llegó la caravana de los Vargas.

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